Por los caminos venía su Ford T, roncando y humeando.
Lento, venía. Las tortugas se sentaban a esperarlo.
Algún vecino se acercó. Preocupado saludó, comentó:
—Pero don Dávalos... A este paso, no va a llegar nunca.
Y él aclaró:
—Yo no viajo por llegar; viajo por ir