En la Ciudad de la Noche, pero no del
dormir;
No hay en ella dulce sueño para la mente
fatigada;
Las horas se arrastran despiadadas como
años y siglos,
Una noche parece un infierno sin fin. Esta
horrible tensión
Del pensamiento y la conciencia que no
cesa,
O que el estupor de un momento no hace
sino aumentar,
Ésta, más que maldita, enloquece allí a
los desdichados.