Al silencio siguió el silencio. (...)
-¿Sos feliz?
Nené sintió que un contrincante más astuto la había atacado por sorpresa. No sabía que respobnder, iba a decir "no puedo quejarme", o "siempre hay un per", o "si, teng estos dos hihjitos", mas prefirió encogerse de hombros y sonreír enigmáticamente.