La muchacha tras arrojar las migas a los pájaros (por cuarta o quinta vez en el día, porque el perro se adelantaba siempre a los pájaros) entró por la avenida de laureles y se dirigió a un sembrado de siemprevivas. Al llegar allí lanzó una exclamación de sorpresa, real o convencional; a horcajadas en el alto muro que circundaba el jardín había una fantástica figura.
-¡No, no salte usted, Mr. Crook!-dijo muy alarmada- está muy alto.
(...)
Sin preocuparse por los temores de la muchacha, saltó como un saltamontes y cayó junto a ella, a riesgo de romperse una pierna.
-Yo creo que nací para ladrón -dijo sonriendo- y lo hubiera sido, a no haber nacido en la dichosa casa de al lado. Por lo demás, no creo que eso tenga nada de malo.
-¿Cómo puede usted decir eso?- Le amonestó ella.
-Si usted -continuó el joven- hubiera nacido en el mal lado de esta pared, comprendería que está justificado saltar sobre ella.
-Nunca entiendo lo que dice usted ni lo que hace.
-Ni yo tampoco muchas veces -Replicó Mr. Crook -Pero, por lo pronto, estoy del buen lado de la pared.
-Pues, ¿Cuál es el buen lado de la pared? -preguntó la joven sonriendo.
-Dondequiera que usted se encuentre- dijo el llamado Crook.